El anabaptismo es un movimiento reformador que pertenece a las corrientes existentes dentro del protestantismo. A su vez, tiene varias ramas.
Mennonitas
Los menonitas son una rama pacifista y trinitaria del movimiento cristiano anabaptista, originado en el siglo XVI, como expresión radical de la Reforma. La diversidad y desorganización anabaptista encontró en un antiguo sacerdote católico holandés un guía para alcanzar una estructuración. Menno Simons, nacido en 1483, que se había sumado al movimiento, ofreció un nuevo cariz mucho más organizado y sistematizado.
El anabaptismo había llegado a ser muy diverso: desde la rebelión con violencia de Münster, hasta algunos que negaban la fe trinitaria. Menno organizó el movimiento en torno a la idea pacifista y de no violencia absoluta. Manifestó que la fe anabaptista debía de ser trinitaria y se rechazó toda relación de la Iglesia con el Estado. La vida del creyente debía ser una vida de santidad, por la vivencia del Sermón de la Montaña, y no vivir según este mundo que ha dado la espalda a Dios.
Este movimiento rechaza toda tradición, y tiene su principal fuente de inspiración en la Biblia y en Jesucristo. Tiene ideales de la vivencia de fe comunitaria como Iglesia y de pacifismo absoluto. La influencia de Menno llegó a ser tan notoria, que sus adversarios comenzaron a llamarles «menistas» o «menonitas», a modo de insulto.
Amish
Este movimiento también nace dentro del anabaptismo. Jakob Ammann, nacido en 1644, que era predicador, empezó exigir mayores niveles de disciplina y santidad a la Iglesia. Entendía que los anabaptistas eran demasiado laxos en su vivencia de la fe cristiana. Propuso un nuevo modelo de vivir el cristianismo: apartados del mundo y en comunidades que fomentaran un estilo de vida sencillo.
Los seguidores de Ammann pasaron a ser conocidos como los amish. La vivencia de la fe como amish hace un fuerte énfasis en la humildad (combate y no tolera ninguna forma de orgullo) y la obediencia (entendida como sumisión). Es una forma de vivir la fe auténticamente comunitaria y
que está en contra del yo individual. La interpretación bíblica nunca es privada, sino que depende del obispo o pastor, el cual en la comunidad hace a su vez de «mayor» (un tipo de alcalde).
Así mismo, los amish dan un fuerte valor al trabajo y rechazan el ocio, pues la antesala del pecado es el ocio y el trabajo es un modo de vivir en santidad. La oración personal tiene un papel protagonista en sus vidas. También tienen muy incrustadas las creencias en el cielo y el infierno, llegando en algunos extremos a afirmar que los no amish y los que viven fuera de la comunidad irán al infierno.
La comunidad suele ser un grupo conservador, pues en mantener la identidad del mismo radica el éxito para ser una ayuda en la salvación de las personas. En sus formas, códigos y modos de conducta, vestir, etc., lo que buscan es manifestar santidad y alejarse de las influencias mundanas y del diablo. Se entiende la comunidad como una forma más segura y beneficiosa para que cada uno alcance la salvación de su alma.

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